Nada es casual

YPF Y EL CORTOPLACISMO

 

Se sigue privilegiando el ahora. Imprevisión oficial. Desprolijidades y, una vez más, la falta de control.


Por Nelson Castro

Va a llover gasoil”, dijo alguna vez –y no hace tanto– el inefable secretario de Comercio Interior y ministro de Economía en funciones, Guillermo Moreno. La predicción no se cumplió, como cada pronóstico de Moreno. La realidad fue y es otra: el faltante de energía que enfrenta el país lo pone de cara a la necesidad de sostener un nivel de gasto que ya no está en condiciones de afrontar. Esta es la verdad que subyace detrás de la decisión de expropiar YPF, que –siguiendo el consejo de Axel Kicillof, la nueva estrella que brilla en el firmamento kirchnerista– adoptó la Presidenta. En la lógica que reina en ese universo, las cosas se ven de un manera particular y siempre cortoplacista. En ese micromundo se respira un clima de euforia. La exposición de Kicillof ante las comisiones del Senado ha servido como radiografía de los estados psicológicos que se viven. Hay allí una atmósfera que recuerda a la de una asamblea universitaria. Es lo que, por otra parte, se vio en el Aló Presidenta en el que Cristina Fernández de Kirchner anunció la expropiación de las acciones de Repsol. A muchos, eso que veían les trajo reminiscencias de otros momentos de euforia que fueron preludio de males y desgracias. Como cuando Adolfo Rodríguez Saá anunció la cesación de pagos de la deuda o –salvando las distancias– el desembarco de las tropas argentinas en las islas Malvinas.


La Argentina nunca debió haber privatizado YPF. A excepción de EE.UU., ningún otro país tiene como norma desprenderse del manejo de un recurso natural esencial como es el de las distintas fuentes de energía. Esa nefasta decisión que en su momento fue apoyada y festejada por muchos que hoy la denuestan, está en la base del problema. Entre esos muchos que apoyaron aquella medida y que hoy la reprueban está la Presidenta, tal como lo estuvo su difunto esposo. Es más, no sólo los Kirchner defendieron esa medida, sino que también se encargaron de elogiar sin límites a Repsol, al mismo tiempo que descalificaban los informes de los especialistas que alertaban sobre los malos manejos de la empresa y los problemas que acarrearía la falta de inversión destinada a la exploración.


Entre el Gobierno y Repsol se estableció una suerte de complicidad que terminó en el vaciamiento de YPF que hoy se denuncia desde el oficialismo. Muchos funcionarios honestos advirtieron sobre esto. En cambio, el ministro de Planificación Julio De Vido sabía cómo Repsol se llevaba las ganancias a su casa matriz con niveles mínimos de reinversión. El mismo Kirchner fue el motor para la incorporación a YPF de los Eskenazi, grupo económico sin ninguna experiencia en el rubro y sin la plata suficiente para comprar las acciones a las que accedió. El ex presidente también sabía esto. ¿Por qué, pues, lo toleró? La complicidad entre Repsol y el gobierno de los Kirchner exhibe evidencias por doquier.


Esta decisión subrepticia habrá de tener consecuencias malas para la Argentina que se verán en el mediano y largo plazo. Unas serán políticas, y otras económicas. Hechos así no salen gratis. La superficialidad de la lectura que hace el Gobierno de la forma en que el mundo reacciona frente a sus acciones no sorprende.


Claro que a la Presidenta esto le importa poco. En el poder, lo que interesa es el ahora. Y ahora lo que cuentan son las encuestas, cuyos números –que le muestran al Gobierno un nivel de apoyo alto– le han permitido rehacerse y dejar de estar contra las cuerdas, situación en que lo ha metido el complejo y embarrado escándalo de la empresa Ciccone, que complica a Amado Boudou.


En paralelo está el desafío de encauzar la gestión de YPF. Y si el panorama es complicado en la esfera de las repercusiones que en el largo plazo tendrá este asunto para las relaciones de la Argentina con otros países, en la gestión de la empresa las cosas se presentan no menos complejas. Hoy se sabe que la integración de la intervención le deparó al ministro De Vido una sorpresa que no dejó de inquietarlo: la designación como interventor de Kicillof, quien en los últimos tiempos ha sido subdirector de la desvaída gestión de Aerolíneas, representante del Gobierno en el directorio de Techint y ahora viceministro de Economía. La exposición de Kicillof ante las comisiones del Senado, episodio que lo lanzó a la fama y le ganó un lugar clave en la consideración de la Presidenta, significó también una fuerte crítica a De Vido a causa de la falta de un adecuado control sobre las conductas de Repsol. Hay que detenerse en algunos de los nombres que han pasado a integrar la conducción de la nueva YPF. Como se dijo, ahí está en primer lugar De Vido. A esta altura ya debería ser presentado como el ministro de la falta de Infraestructura adecuada y la ausencia de Planificación. Por su área han pasado Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi y la tragedia de Once, el caso Skanska y la defraudación del proyecto Sueños Compartidos.


El subinterventor es Kicillof. Sus antecedentes de gestión en Aerolíneas no lo dejan bien parado. Hay que recordar no sólo el déficit operativo de la empresa, sino también los recortes que la Presidenta debió ordenar para reducir el drenaje de fondos públicos.


Roberto Baratta ha pasado a formar parte de una Unidad General de Operaciones que se encargará del manejo de la empresa. Es curioso, porque Baratta había sido el representante del Gobierno en el directorio de Repsol, tarea en la que no se recuerda denuncia alguna sobre el vaciamiento de la empresa de la que ahora se habla.


Xavier Espinosa se hará cargo de la Dirección de Exploración y Producción y de la de Refino y Logística. Espinosa ha venido desempeñándose como director de Enarsa, la empresa de energía estatal supuestamente destinada a la exploración de petróleo creada por Kirchner. Hasta aquí Enarsa no exploró nada, y sólo se limitó a importar gas caro para venderlo barato con un enorme costo fiscal. Por lo demás, el pasado de Espinosa está marcado por el hecho de haber sido quien se encargó de contratar el avión que trajo al país a Alejandro Guido Antonini Wilson y su ya prácticamente legendaria valija con casi 800 mil dólares.


José María Olazagasti, uno de los secretarios privados de De Vido, ha quedado al frente de la dirección de Asuntos Institucionales, Comunicación e Imagen. De Olazagasti se recuerda, entre otras cosas, su participación en el emprendimiento de la embajada paralela en Venezuela, fuente de corrupción a fuerza de coimas que debían pagarse para vender maquinaria agrícola al gobierno de Hugo Chávez.


Hay que señalar un detalle que se menciona en el proyecto de ley de expropiación que habrá de aprobar el Congreso: la nueva YPF no estará sujeta a la auditoría de ninguno de los organismos de control del Estado. Quedan así abiertas las puertas para hacer de YPF un fenomenal instrumento de corrupción. No es casual.


 Publicado en el diario Perfil, el 21 de abril de 2012
 

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